Manuel Gallardo. Vicepresidente de la Federación Extremeña de Caza

Estos días atrás se ha reunido de la Junta Rectora de la Zona de Interés regional Llanos de Cáceres Sierra de Fuentes.

Ya saben que Ley 8/1998, de 26 de junio, de Conservación de la Naturaleza y Espacios Naturales de Extremadura declaró Espacio Natural Protegido la Zona de Especial Protección para las Aves ‘Llanos de Cáceres y Sierra de Fuentes”‘. Que luego cambió su denominación a Zona de Interés Regional.

Se trata de una extensa área de llanuras que se extiende desde Brozas hasta Trujillo, y que queda enmarcada por las formaciones montañosas de la Sierra de San Pedro y, en gran parte, por los ríos Tamuja y Almonte.

La idea de constituir este espacio protegido no era otra que la conservación de la enorme riqueza faunística de una de las áreas pseudoestepáricas de mayor relevancia a nivel mundial y que concentraba una gran cantidad de aves (avutarda, sisón, aguilucho cenizo, cernícalo primilla, ganga, etc.).

La reunión de esta Junta Rectora, me ha servido para reafirmarme en el fracaso de las políticas conservacionistas que estamos llevando a cabo en algunas zonas de Extremadura.

Y brevemente, voy a tratar de demostrarles esta afirmación.

Con los datos que contamos, de todos conocidos, se puede afirmar que en el último decenio, las poblaciones de avutarda, sisón, cernícalo primilla, aguilucho cenizo, ganga ortega y carraca en la ZIR de los Llanos, han disminuido del orden del 70%. El sisón en torno al 90%.

Resulta pues, que desde que se aprobó el Plan de Usos y Gestión de la ZIR que fue en 2009, hemos perdido la mayor parte de las aves esteparias que pretendíamos proteger. Un PRUG que según su articulado establecía una vigencia del mismo de 6 años y ya va por 11 y lo que queda.

No es que se hayan mejorado sus poblaciones, o que como mínimo las hayamos mantenido, es que después de años de conservación, por decir algo, prácticamente han desaparecido, se han extinguido.

Resulta llamativo y alarmante que los objetivos del Plan de Gestión y Conservación consistan en proteger el hábitat, y a las especies incluidas en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Extremadura, “en peligro de extinción” y “vulnerables”. Y hemos logrado todo lo contrario.

De la agricultura casi mejor no hablar, cuando los objetivos eran:

Promover el mantenimiento de un mosaico paisajístico agrario y el sistema tradicional con cultivos rotacionales, evitar el sobrepastoreo, fomentar el redileo y mantener las superficies de cultivo de cereal de secano y barbechos tradicionales. Lo que hemos conseguido ha sido un mayor incremento del ganado vacuno, un fuerte descenso del redileo, un retroceso muy notable de las superficies de cultivo y ha desaparecido el mosaico paisajístico de usos del suelo.

En definitiva, todo lo contrario a lo propuesto.

Y es que la conservación no es gratis y la gente del campo también tiene que vivir y obtener rentabilidad a sus explotaciones.

Otra cuestión importante a tener en cuenta y que forma parte del fracaso es el desarrollo urbanísticos de los municipios afectados por la zona. Protección sin duda, pero progreso también.

Por otro lado, hay quien cita a la caza como una de las actividades que está causando la desaparición de las aves esteparias, con el argumento de que la suelta de perdices en los cotos intensivos del perímetro de la zona protegida, hace que aumenten los zorros y estos se posteriormente se comen a las avutardas. Todo esto sin el más mínimo dato científico. Y es que o no saben o no se acuerdan que la riqueza cinegética de “los llanos de Cáceres y Sierra de Fuentes” era sencillamente excepcional hace tan solo 20 años, con una población de miles de conejos, perdices, liebres y codornices, y que ha sido precisamente la desaparición de las especies presas, especialmente el conejo, lo que hizo que los predadores oportunistas se centrasen primero en perdices y libres y cuando estas se acabaron en avutardas, sisones y demás esteparias.

Quiero traer a colación un estudio realizado por el IREC, el CSIC (consejo superior de investigaciones científicas), la Universidad de Castilla la Mancha y la Junta de Castilla la Mancha, se concluyó que

“A nivel provincial, la población en la provincia de Ciudad Real de sisón disminuyó un 46% entre 2005 y 2016. Pero si disminuimos la escala, se observa que las únicas áreas en las que las densidades de sisón no cambiaron significativamente entre ambos años fueron precisamente aquellas que estaban ocupadas por los cotos intensivos en los que la suelta de perdices había sido más intensa a lo largo de todo este periodo”.

Y es que es lógico, pues los cotos intensivos de caza menor suelen aplicar en mayor medida que otros cotos acciones de gestión, como la instalación de bebederos y puntos de alimentación suplementaria para perdices y un intenso control de depredadores oportunistas.

Así las cosas, lo primero es reconocer el fracaso de las acciones emprendidas y en segundo lugar elaborar un Plan Estratégico para salvar a las aves esteparias, donde ineludiblemente se atienda a la recuperación de las especies cinegéticas como una de las herramientas más eficaces de conservación.

Y la verdad es que no quiero pensar a quién beneficia toda esta situación de emergencia ecológica, pero mucho me temo, que alguien estará esperando el maná que caerá del cielo en forma de fondos europeos para poder seguir existiendo. Ese viejo dicho de que cuanto peor, mejor.

En definitiva, palabras y palabras escritas en papel.

Llamamientos a la conservación y discurso llenos de moralina van conformando, cada vez más, una sociedad ecologista que vive en un mundo de ficción, donde tras los escaparates, anuncios y proclamas no hay más que grupos organizados que hacen su particular agosto y les dirigen a ninguna parte.

Es evidente que hay que reflexionar sobre las políticas de conservación, porque como continuemos así, en muy pocos años no habrá nada que proteger.