La Caza en España como actividad físico-deportiva implica caminar, correr, saltar, girar,… Es una actividad motriz que se alarga en el tiempo y conlleva una implicación global del practicante. La Caza, en mayor o menor medida va a demandar unos requerimientos físicos, al margen de otros requerimientos de tipo social o psicológico propios de cada modalidad. Además, teniéndose en cuenta las distintas modalidades físico-deportivas y tipología del terreno, así como las disciplinas que ofrece la Caza, se puede decir que cada modalidad demandará unos requerimientos energéticos específicos (Feu, 2003).
Por lo tanto, se percibe que se torna necesario, o al menos muy recomendable, un acondicionamiento físico apropiado del cazador en función de la práctica cinegética que vaya a realizar. Atendiendo a estos requerimientos motrices, psicológicos, sociales,…, mencionados y asumiendo lo citado por autores como Riddoch & Boreham (1995), para mejorar la condición física a lo largo de toda la vida es necesario un estilo de vida activo desde la infancia, y que las recomendaciones de práctica de actividad física deberían ser diferentes en niños respecto a la edad adulta, la preparación para la caza debería hacerse específicamente por modalidad y de forma diferente en función de la edad. Se intuye que para poder definir el término de “Condición física del cazador” es necesario concretar el contexto y la población para que las afirmaciones sean lo más precisas posibles, puesto que se está ante un término genérico y en el que las capacidades que tiene el organismo humano juega un papel importante.
La OMS (Organización Mundial de la Salud), 1968, define la condición física como “la habilidad de realizar adecuadamente un trabajo muscular”. Sin embargo, para Sánchez, (2004) la condición física puede ser entendida desde diferentes puntos de vista: enfocada hacia el rendimiento deportivo (mejorar los resultados en el ámbito de la competición), de carácter darwiniano (representa las posibilidades de supervivencia en un hábitat determinado y en los tipos de cultura en los que el esfuerzo físico es necesario), orientada al ámbito laboral y profesional no deportivo, de carácter general (obtener rendimientos puntuales) y enfocada hacia la mejora de la salud. Por consiguiente y de manera general, se podría definir la condición física del cazador como la capacidad para afrontar con éxito una jornada de caza dentro de un entorno físico, social y psicológico óptimo (Gamonales, 2012 y Gamonales, León, Muñoz & Jorquera, 2013).
Para finalizar, exponer que la caza depende de muchos factores. Una mejor condición física del cazador no implica directamente una mejora en el rendimiento, considerando éste como el número total de piezas capturadas, pero sí le permitirá aguantar largas jornadas de caza de manera satisfactoria, eficaz y de forma más saludable. En definitiva, disfrutar más y mejor de su afición – pasión.
Gamonales, J. y León, K.
Facultad de Ciencias del Deporte (Cáceres)
REFERENCIAS.
Feu, S. (2003). La caza como recurso económico y turístico. El acondicionamiento físico del cazador. Centro de Desarrollo Rural Campiña Sur. pp.155-173.
Gamonales, J. (2012). “Valoración de la condición física y estilos de vida relacionado con el consumo de tabaco y alcohol de los cazadores extremeños”. Máster Universitario en Investigación. Universidad de Extremadura. Facultad de Ciencias del Deporte. Cáceres. 10 de Febrero de 2012.
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