En relación a la noticia publicada en el Diario Hoy el 30 de septiembre de 2015, en la que Ecologistas Extremeños arremete injustificadamente contra la celebración de monterías en el Parque Nacional de Monfragüe, desde la Federación Extremeña de Caza queremos expresar públicamente nuestro rechazo a esta postura, carente de ningún fundamento técnico.

Según el citado medio, Ecologistas Extremadura ha reunido más de 9000 firmas para pedir a los grupos políticos que dejen de organizarse monterías en Monfragüe, argumentando, entre otras cuestiones, que «lejos de seleccionar las presas, tienden a matar a los mejores individuos por sus trofeos y además se liberan cientos de perros de rehala que atacan a los animales salvajes que encuentran, aparte de vagar por el Parque»

Pues bien, desde FEDEXCAZA, pedimos a este grupo que se informe, que lea y que aprenda, antes de plantear ninguna medida como esta. No le pedimos que lean revistas de caza, sino que lean los miles de artículos técnicos, tesis doctorales, publicaciones científicas que analizan de manera objetiva la caza, no como una afición que a unos les gustará y a otros no, sino como uno más de los aprovechamientos tradicionales del monte, sostenible, compatible con el medio, gracias al cual siguen existiendo en nuestros días espacios como Monfragüe y tantos otros, en los que gracias a que los propietarios de las fincas, en su día, optaron por seguir manteniendo un modelo tradicional de los aprovechamientos, basado en la caza, la ganadería o el corcho, han llegado hasta hoy en un buen estado de conservación.

Estamos cansados de tener que justificarnos, de explicarles en qué consiste la caza, de que se trata de una actividad regulada hasta la saciedad, contando incluso cada coto con un plan técnico sometido a informe del Órgano competente en Conservación, a través del cual se limita cualquier actividad que pudiera afectar a los espacios o especies protegidas.

Si estudiaran un poco la actividad cinegética, si tuvieran unas nociones básicas de ecología, de capacidades de carga, de densidades óptimas, de los problemas sanitarios y las zoonosis que pueden derivar de un exceso en las mismas, y además fueran honestos en su manera de plantear las cosas, seguramente no hubieran abierto la boca.

Pero qué fácil es dárselas «de moderno» e intentar confundir a la sociedad. Una sociedad urbanita cada vez más desarraigada del mundo rural y las actividades tradicionales que lo sustentan, es una víctima fácil en la que inocular el virus de la radicalidad. Ante ello, no podemos estar callados. Ante la ignorancia, la ciencia y conocimiento. Ante la radicalidad, la sensatez y la coherencia.